lunes, 31 de enero de 2011

Jugar a crear cultura y ser parte del arte

Cuando pensamos en el arte o la cultura, desde nuestro lugar, lo hacemos con la mirada amplia, sabiendo que no es un campo exclusivo de cierto sector de la sociedad sino que nos pertenece a todos. Esta es una discusión que ya está saldada, no porque lo digan quienes teorizan sobre el tema, sino que lo vemos desde la práctica misma. Plantearlo como un derecho acceder a una vida cultural diversa aparece plasmado en muchos de los proyectos que Creas apoya y con los que trabaja.
Pero ¿por qué debería ser importante trabajar en esa línea?¿Qué implicancias puede tener en la vida de las personas que participan en esos proyectos? En general se trata de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, que encuentran en el arte y en las actividades culturales, una forma de expresión y participación negada en otros ámbitos. Juegotecas; Fútbol callejero y deportes; Festivales y eventos comunitarios; Cine en los barrios; Circo Social; Radios Comunitarias; Bibliotecas populares; Talleres artísticos - recreativos de: video, teatro, fotografía, música, murga, son algunas de las actividades surgidas para incentivar el aspecto creativo y educativo en ambientes adversos para trabajar con una propuesta más estructurada.
El objetivo es lograr el desarrollo de capacidades manuales, lúdicas, expresivas y actitudinales que les ayuden a darle sentido a sus vidas y se potencien como sujetos de derechos. En muchas ocasiones encuentran en la creación artística o en la recreación formas de expresión, de contar su propia vida o cómo ven y viven la realidad. En actividades de juego o intercambio cultural encuentran la manera de solucionar conflictos, de trabajar la solidaridad y la participación en la comunidad en la que viven.
Estas son nuevas acciones, creadas desde la propia necesidad en cada contexto que buscan dar respuesta a las demandas de los y las jóvenes. Para poder acceder a una vida digna y vivir con conciencia de sus derechos, muchas personas se esfuerzan en recordar la importancia que la niñez y la juventud tienen en el futuro de una sociedad justa e igualitaria. La relevancia de sus aportes, la necesidad del cuidado del propio cuerpo y el de su familia y el impacto que eso tendrá a corto plazo también es parte del trabajo.
Las palabras que más aparecen en las evaluaciones recibidas de estos proyectos son: valorización personal, comunicación, roles nuevos, disfrute, socialización, poder hacer, encuentro, integración, inclusión. 
¿Con cuáles de todas estas palabras colaboramos para que las niñas, niños y adolescentes tomen conciencia de que son personas de derechos plenos y que sin ellos y ellas no hay cultura posible? ¿Qué herramientas creativas desarrollamos e impulsamos las organizaciones para que ellos mismos sean la solución del problema?
Para finalizar, compartimos las palabras que publicara John Berger  en “Cada vez que decimos adiós”, de Ediciones de la Flor en el año 2008:
No puedo decirte qué hace el arte y cómo lo hace, pero sé que ha menudo el arte ha juzgado a los jueces, vengado a los inocentes y enseñado al futuro los sufrimientos del pasado para que nunca se olviden. Sé también que en ese caso, los poderosos le temen al arte, cualquiera sea su forma, y que esa forma de arte corre entre la gente como un rumor y una leyenda porque encuentra un sentido que las atrocidades no encuentran, un sentido que nos une, porque es finalmente inseparable de la justicia. El arte, cuando obra de ese modo, se vuelve un espacio de encuentro de lo invisible, lo irreductible, lo imperecedero, el valor y el honor.”

jueves, 20 de enero de 2011

Jugamos a tratarnos bien


¿Qué significa jugar para la niñez de hoy, cuáles son los espacios y cómo se vinculan quienes atraviesan por la adolescencia en este siglo? La violencia en la que vivimos hoy, aumentada en dimensiones pocas veces vista por la televisión masiva, provoca una disminución de los espacios de juego. Ya no hay corridas en las veredas, los niños y niñas permanecen en sus casas y hay palabras que escuchamos más a menudo que otras: maltrato, abuso, discriminación...
Por eso, quienes tenemos presente los momentos felices de nuestra niñez creemos que hace falta proteger sus y los de la adolescencia a partir de acciones concretas. Si bien, cada persona que asume su maternidad y paternidad se supone asume también la responsabilidad de cuidar a sus hijos e hijas, la violencia que atraviesa todas las esferas hace que como sociedad nos responsabilicemos para ofrecerles un crecimiento dentro de los derechos y fuera del maltrato.
Por eso también, es que existen campañas como la del Buen Trato hacia la niñez  que busca capacitar y sensibilizar sobre la prevención del maltrato hacia niños, niñas y adolescentes y lo que implica la promoción del buen trato. Las organizaciones que trabajamos con las temáticas de niñez y las iglesias comprometidas con los derechos humanos crearon la campaña como una forma de transformar esa realidad con la que conviven a diario niñas y niños.  Una manera de hacerlo lo explicitan los siguientes objetivos:
Sensibilizar a la sociedad frente a las situaciones de violencia cotidiana que sufren niños/as y adolescentes.
Empoderar a los niños, niñas y adolescentes para que sean promotores de actitudes y conductas respetuosas de su dignidad e integridad.
Fortalecer y desarrollar factores protectores en los propios niños, niñas y fundamentalmente en los/las adolescentes y jóvenes que participarán protagonizando la campaña en todas sus instancias.
Visibilizar los temas del maltrato y las relaciones inequitativas, así como al tema de la infancia y la adolescencia (que en general es analizada a partir de sus carencias y dificultades) desde una perspectiva positiva y esperanzadora
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Pero insistimos en preguntarnos, desde CREAS, ¿cómo colaboramos para que esto sea posible, para dejarles un mundo mejor, construyendo vínculos equitativos, aceptando la diversidad, respetando a las demás personas? Ser parte de la campaña es una de las etapas, la otra está relacionada con poner en práctica en cada una de las esferas en donde nos desarrollamos, estos objetivos y dándolos a conocer a quienes están en contacto permanente con situaciones de violencia y conflicto.
Sabemos que las buenas intenciones no son realizables si las personas en forma individual y colectiva no las llevan a acciones concretas, a su vida diaria personal e institucional. Visibilizar las conductas que consideramos violentas, desnaturalizarlas en nuestras propias prácticas es una buena forma de iniciar el camino hacia esa transformación por una sociedad libre del maltrato infantil y todas las formas de violencia, incluyendo el abuso.

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