jueves, 11 de agosto de 2011

Al día

“Estar al día” no es igual que “vivir al día”. Sin embargo, son las caras de una misma moneda, la de las organizaciones sociales. Cotidianamente se vive al día, a la semana, manejando las urgencias de las personas y las comunidades y haciendo malabares con los recursos. También, se tiene que estar al día con toda la parte administrativa, legal y burocrática que permita sustentar ese trabajo diario. Qué difícil. En el medio quedan las ganas de hacer algo distinto, de construir nuevos modos de hacer, nuevas formas de relacionarnos para transformar realidades.
Si uno lo piensa es una tarea titánica la del campo popular. Si uno conoce más o menos, puede ver que muchos (más de lo que imaginamos) lo logran.
En todo caso, quisiéramos detenernos en el tema de la legalidad de las organizaciones, que por decirlo de alguna manera es lo que permite cierto nivel de formalización, lo que a su vez puede abrir un campo de posibilidades de acción bastante diverso. Motiva la reflexión un proceso de fortalecimiento de una Red de Centros Comunitarios que estamos apoyando como Fondo de Pequeños Proyectos.
Más allá de las razones que hacen que las personas se junten y trabajen por sus comunidades o por un sueño que las nuclea, lo legal y lo administrativo tarde o temprano entra por la fuerza a estos espacios. A regañadientes lo aceptamos y por el mismo motivo, lo dejamos para último momento, lo pateamos para más adelante, lo hacemos si hay tiempo y hasta a veces simplemente lo olvidamos. Quizá porque lo de la personería jurídica es difícil de entender o quizás porque son otras las cosas que interesan más. Lo cierto es que esa profesionalización de esta dimensión de nuestro trabajo un día golpea a nuestra puerta. En general sucede cuando crecemos, cuando vamos pisando firme y ganando experiencia. Y ese día, hay que hacerse amigo de lo administrativo y de lo legal para entender que una buena administración y la claridad en la gestión son parte importante de la identidad del trabajo en las organizaciones sociales. Al ser lo jurídico también una parte nuestra, cuando los otros (el Estado, los medios de comunicación, quizás las empresas, por qué no?) se interesan por lo que hacemos pueden en esa misma instancia ver cómo lo hacemos. Ahí, en ese diálogo mostramos que se puede educar de otra manera, que se puede hacer arte comunitariamente que trasciende y resignifica lo cotidiano, que se generan espacios de trabajo productivo y solidario a la vez, en fin, que se puede construir verdadera comunidad con otro esquema de poder y de relaciones. Ojo que no es cargar las tintas sobre una legalidad como cáscara vacía… Simplemente, incorporarlo como una dimensión que potencia y fortalece lo esencial de nuestro trabajo, y que habla de cuan calificados estamos. Para que al vincularnos con otros no perdamos esa posibilidad pedagógica de transformar por no haber podido, además, estar al día con los papeles.

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